Cuantas grandes personalidades siguen vivas por ese motivo: no caen en el olvido. Mientras sus obras sigan conservándose junto con sus biografías (aunque se escriban datos falsos) esas personas no morirán, no se perderán tan rápidamente como sus esqueletos tragados por la tierra. La gente hablara de ellos, se les recordara, se crearan temas de conversación respecto a ellos, se les asignara el nombre de una calle y se les asociaran a imágenes con las que identificar épocas/movimientos e incluso religiones.
Todo se traduce en reconocimiento, fama y admiración. Esa es la fórmula de la inmortalidad, la única manera en la que alguien puede seguir viviendo después de muerto. Da igual que lo que sepamos de ellos o lo que escriban sea mentira, lo que cuenta es que nos influyen y los recreamos en nosotros, en nuestra vida. Su pasado ahora forma parte del nuestro y nuestro futuro se verá influido por su pasado.
Somos todas las personas a las que conocemos, de quien sabemos y con las que interactuamos. Aunque parezca que no le importas a nadie siempre estarás influyendo en la vida de alguna persona con un comentario, una sonrisa, quizás una conversación… siempre provocas algún tipo de pensamiento que condiciona a los demás.
¿Qué prefieres vivir una vida real que morirá contigo o una que realmente no ha existido pero te hará inmortal?
Decidas lo que decidas siempre dejaras tu recuerdo en alguien y quién sabe, quizás nunca mueras.
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